África

Llegada a El Cairo ¡el impacto!

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Señoras y señores les rogamos se abrochen los cinturones de seguridad, pliegen sus mesitas y pongan sus asientos en posición vertical, en breves minutos aterrizaremos en el Cairo. Miro por la ventana y veo que la ciudad está cubierta por una espesa niebla. ¿Niebla? No, es la contaminación que lo cubre todo. Aterrizamos puntualmente a las 15,15h y la temperatura es de 33 grados. Nada más salir del avión hay unos policías que te hacen rellenar una tarjeta blanca con tus datos y dirección en Egipto y te dan un folleto para prevenir el contagio de la gripe A, pero no nos toman la temperatura (tal y como ponía en la web del Ministerio de Asuntos Exteriores). Nuestro avión ha llegado a la terminal 2, que es un poco cochambrosa, y mientras vamos a comprar los visados vemos que los guías de las agencias están dentro para recoger a sus clientes y de paso venderles los visados por el triple del precio establecido.

Gentío al salir de la terminal

Antes de pasar el control de pasaportes hay unas 6 o 7 ventanillas de diferentes bancos que te cambian moneda y te venden el sello del visado. Con calma preguntamos qué cambio nos dan en tres o cuatro y al final cambiamos en la que nos da mejor precio. En la misma oficina bancaria le pregunto cuánto vale el sello del visado y me dice que 15 dólares, y cuando le pregunto que cuánto es en euros me dice que 15 euros. Bueno, en mi pueblo 15 dólares no equivalen ni de cerca a 15 euros así que le doy 200 euros y le pido que me los cambie a dólares. El cajero alucina un poco con la operación y me da los dólares a muy buen cambio también. Una vez tengo los dólares en la mano le doy 30 y le pido que me venda los «stamps» del visado. Con el sello en la mano nos dirigimos al control de pasaportes. Le doy al policía el pasaporte, el sello y la targeta de inmigración que rellené en el avión. Todo correcto y salimos al «lobby» de llegadas. Allí hay un remolino de gente buscando pasajeros y taxistas ofreciendo sus servicios. Se me acerca uno y me pregunta si quiero un taxi, le digo que me vienen a buscar y él me dice que me mejora su precio. Entonces le contesto que me viene a buscar un amigo y él no se lo cree. Poco después aparece Mohamed, licenciado en filología hispánica con el que contacté a través de Internet y que nos acompañará unos días por el Cairo. Él tiene unos 23 años y obviamente habla muy bien español. Vamos con el bus del aeropuerto al párquing y allí nos espera Ibrahim, un amigo suyo que tiene un coche bastante grade y nuevo y además con aire acondicionado.

Al entrar en la autopista, Mohamed nos explica que en Egipto se conduce sin sentido y vemos coches bastante viejos pitando cada dos por tres y haciendo zig-zags intentando adelantar unos centímetros. Y si la autopista tiene tres carriles por allí intentan circular cinco líneas de coches. Además los coches no se paran en los semáforos y los peatones se la juegan cruzando calles de cuatro carriles por el medio. Entre tanto caos miro por la ventanilla las moles de hormigón cubiertas de arena y pienso que quizás España sería así hace 40 años. El Cairo con sus 20 millones de ciudadanos (y quizás también 20 millones de coches) nos produce un gran shock.

Un vídeo vale más que mil palabras. Cómo se cruza la calle en el Cairo

Y el estado del tráfico un día cualquiera en el Cairo (atención a los bocinazos constantes).

Después de una hora llegamos al Hotel Longchamps y acordamos con Mohamed encontrarnos en una hora, tiempo suficiente para el check-in y una ducha. El hotel está en el barrio de Zamalek, una gran isla en medio del Nilo, y donde están las embajadas. Pero aun así, está toda la calle llena de baches, agujeros en el asfalto y apenas iluminada. Nos costó encontrar el hotel porque está en la 5ª planta de un edificio de viviendas y no está muy bien señalado. Al entrar, el ascensor es tan viejo que parece que se hundirá el suelo con el peso de las maletas. Pero al llegar al hotel es otro mundo, es un 3 estrellas pero está bastante bien. Nuestra habitación, que era la más barata (56 euros/noche con desayuno) es muy amplia y limpia. Lo mejor de todo es que al ser un barrio tranquilo no se oye ni un ruido en la habitación.

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