África

Del Sinaí a El Cairo

Vkontakte
Pinterest




Seis de la mañana. Me despierto y el virus sigue haciendo de la suyas, pero al parecer ya estaba dando sus últimos coletazos. Harta de ir del baño a la cama y de la cama al baño, y viendo que parecía que el virus me estaba dando una tregua, salí a echarme en la tumbona al solete mientras me tomaba otra marmaría que me prepararon los del hotel.

Yendo por carretera por el Sinaí te encuentras con camellos plantados en medio de la vía.

Esa era nuestra última mañana en Tarabeen, a las doce habíamos quedado con el taxista para que nos llevara al aeropuerto de Sharm el Sheik y de ahí volar hacia El Cairo. El plan que tenía para nuestra última noche en el país se fue al garete. Quería haber llamado a Shari para ver si le apetecía ir con nosotros a montar a caballo por el desierto bajo la luna, una de las atracciones favoritas de los cairotas, pero mi cuerpo no estaba como para ir al galope. Así que no nos complicamos la vida y fuimos a hacer las típicas compras de última hora.

Le pedimos al taxista que nos viniera a buscar a las 12 y eran las 12.30 y todavía no se había presentado. Finalmente llegó y una vez dentro de la furgoneta nos dijo que había habido un problema y que otro taxista se había puesto malo y que tenía que recoger a otros clientes en otro lugar. Que no nos preocupáramos, que para vuelos internos estando una hora antes había tiempo de sobras. En fin, que sin podernos quejar, fue a buscar a una familia de alemanes que iban a pasar el día en Dahab. Y lo vi claro, quería aprovechar el viaje para ganarse el doble. O sea, que a nosotros nos cobró como un servicio privado y a los otros igual. Dos pájaros de un tiro. Encima fue listo, porque nosotros pagamos el traslado al hotel, así que tampoco nos podíamos quejar a nadie. Seguramente eso no me hubiera molestado mucho si no hubiera tenido mi situación intestinal. Yo ya sufría por las dos horas de Tarabeen a Sharm el Sheik, como para encima añadir paradas.

Sobrevolando el Sinaí

Finalmente, después de la paradas en Dahab y para repostar gasolina (¡en Egipto se reposta con el motor en marcha! O_O) llegamos al aeropuerto y le dijimos adiós al taxista, que se quedó sin propina.

Al llegar a El Cairo se nos lanzaron encima un montón de taxistas ofreciendo sus servicios. Entonces se nos acercaron unos intermediarios y nos dijeron que nos llevaban por 150 L.E. Yo les dije que no se fliparan, que el hotel nos cobraba 75 L.E. por venir a buscarnos y que como mucho le pagaba 60 L.E., finalmente un hombre mayor se nos acercó y nos dijo que nos llevaba por 60 L.E. aparte del peaje (5 L.E.), aceptamos y los otros le empezaron a increpar.

Extrañamente para El Cairo y afortunadamente para mi estómago, no había casi tráfico y llegamos al hotel en unos 20 minutos. Al hacer el check-in en el Hotel Longchamps nos dijeron que por ser «clientes especiales» nos daban una habitación mejor que la que habíamos reservado. Subimos a la habitación y la verdad es que había bastante diferencia con la que tuvimos en nuestros primeros días en Egipto. Estaba totalmente reformada no hacía mucho tiempo y era de un diseño mucho más moderno.

Esta es la habitación que nos dieron en nuestra segunda estancia
en el Hotel Longchamps. ¡Toma upgrading!

Dejamos las maletas y fuimos a buscar un taxi para ir a Khan el Khalili. Inicialmente me hubiera gustado aprovechar y hacer las compras por el mercado regateando, pero como no tenía ningún tipo de ganas de perder el tiempo fuimos a lo seguro, es decir, a la tienda de Jordi.

La tienda de Jordi es conocida porque es una tienda en la que los precios son fijos y no hay que regatear. La verdad es que allí todo sale más barato. Para encontrarla no es fácil. He hecho un mapa para ver si os puedo guiar, aunque tengo que admitir que lo he hecho de memoria.

Vkontakte
Pinterest